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Aunque detestadas por casi todos, las tareas son parte inseparable del cole. Pero también lo son nuestros compañeros de clase, que a veces inmediatamente o con el tiempo se convierten en nuestros mejores amigos y hasta confidentes.
Por eso celebremos tanto que nos dejen trabajos grupales, para divertirnos y estrechar los lazos de amistad y así – aparte obtener una buena calificación. Pero como no todo es color de rosa, a veces nos toca hacer grupo con los compañeros menos amistosos e irresponsables del salón, por lo que la tarea conjunta acaba siendo un trabajo individual y un motivo de mala relación entre nosotros.
Para ello debemos tener en claro que es siempre preferible poner las reglas del juego por anticipado para evitar problemas innecesarios y que afecten la principal razón de nuestro grupo: “Pasar bien el curso”. Aquí algunos consejos.
Primero: Un representante grupal, los maestros nos piden uno y hay que aclarar que todos debemos cumplir con la misma responsabilidad y, de ser posible, que la persona elegida pueda cambiar en cualquier momento para que cada integrante se esfuerce por hacer su mejor papel.
Segundo: Las reuniones deben ser solo las necesarias con un límite de tiempo que incluya un break para relajarnos y desarrollar mejor las ideas. Si alguien no asiste o incumple lo que le toca, hay que hablar con él o ella para saber lo que pasó y recordarle su compromiso. Y si aún así sigue de irresponsable, debemos comunicarlo al profesor para que tome cartas en el asunto sin perjudicarnos.
Tercero: Un coordinador, que sepa mediar y aportar soluciones a los inconvenientes. A veces no se encuentra el responsable o jefe del grupo y entraría a tallar. Llegado el momento final, la responsabilidad de lo bueno o malo es de todos y hay que aprender a asumirla como parte de un grupo.
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